Misteriosamente, el trabajo parece haber desaparecido en algún lugar entre cierta fundación y mi oficina. Nadie lo ha visto, pero espero que esté ahí. No aguantaría que el resto de la semana sea tan
descansada, es malo para la salud mental.
Ayer el paseo duró casi 3 horas. Y por supuesto, tuvo repercusiones en la planta del pie derecho, pero me niego a usar zapatillas de hierro como las que le obligaron a ponerse a la madrastra de
Blancanieves en la versión
gore del cuento, no sea que alguien las meta al fuego hasta que estén incandescentes y me obliguen a bailar con ellas. Brrrr, bailar... Que por cierto,
Caperucita está catalogado como cuento
gore porque el lobo se come a
Caperucita de un bocado, porque en uno de los finales
Caperucita y su abuela lo queman con aceite hirviendo, y porque
El Cazador le abrió el vientre de un tajo. Más que
gore, yo acusaría al autor por incitar al maltrato animal. Y para cuento
gore, Barba Azul.El resto de la tarde se plantea tranquila, sobretodo si consigo mi objetivo de tirarme en la cama a ver
House. Sí, de ilusiones también se vive...
Escuchando: Duele el amor - Alex Syntek y Ana Torroja